Circularidad más allá del residuo: recuperar agua y compuestos de valor en el secado de madera

Cuando hablamos de sostenibilidad en la industria, a menudo pensamos en reciclaje de producto. Pero hay otra palanca igual de estratégica, y es hacer más eficiente el propio proceso, especialmente en etapas intensivas como el secado de madera, donde se generan gases y vapor de agua.

En Finvalia, esta línea de trabajo se centra en una idea simple y potente: aprovechar lo que hoy se pierde para reducir consumo de recursos y, además, explorar la recuperación de compuestos con potencial valor añadido.

¿Por qué el secado es una oportunidad?

El secado no solo consume energía. También produce corrientes de gases en las que viajan vapor de agua, que puede recuperarse, y otros componentes procedentes de la madera, presentes en concentraciones bajas, pero relevantes desde el punto de vista técnico y de mercado.

En el evento de Finvalia 2025 se puso el foco en que el uso eficiente del agua trasciende lo medioambiental y supone un factor estratégico en un contexto de escasez creciente y mayor presión regulatoria, que puede condicionar la producción futura.

Dos enfoques complementarios dentro de Finvalia

Dentro de Finvalia, se aborda la recuperación del vapor ligado al secado con dos líneas que se refuerzan entre sí:

1) Recuperar agua para reutilizarla en procesos

El primer objetivo es claro: recuperar esa agua para poder emplearla de nuevo en la operativa, lo que exige un punto clave: recuperarla con una calidad apta para su uso (por ejemplo, en la producción de vapor).

El objetivo radica en capturar el agua en condiciones que permitan volver a integrarla de manera segura y eficiente.

2) Aprovechar esa recuperación para extraer compuestos de alto valor añadido

El segundo enfoque es el que abre la puerta a la circularidad de alto impacto: recuperar compuestos procedentes de la madera presentes en esos gases de secado, con potencial valor en el mercado.

Aquí el trabajo se plantea de forma progresiva y realista:

  • Verificar qué compuestos hay y en qué concentraciones.
  • Entender cómo cambian con la producción (por ejemplo, si afectan distintos ajustes o condiciones de proceso).
  • Evaluar su valor económico y las posibles vías de recuperación.

El reto: identificar y cuantificar bien en condiciones industriales

Una de las claves de esta línea de trabajo es que no estamos ante un laboratorio perfecto, más bien ante muestras reales, complejas, y con mucha variabilidad.

En las sesiones del proyecto se compartió un aprendizaje importante, y es que la identificación y cuantificación precisa de estos compuestos puede ser difícil por la complejidad de las muestras y el elevado número de compuestos diferentes presentes (se mencionó un rango de entre 20 y 30). Además, aparecen en concentraciones bajas (del orden de mg/m³), lo que hace que separarlos e identificarlos sea uno de los principales retos.

Este es el tipo de detalle que explica por qué, en sostenibilidad industrial, el camino suele comenzar por medir bien, continúa por entender la variabilidad, diseñar la recuperación y validar.

¿Qué cambia si esto funciona?

Sin prometer resultados antes de tiempo, el enfoque apunta a beneficios muy tangibles en planta:

  • Menor dependencia de agua nueva mediante reutilización.
  • Más eficiencia de recursos (menos pérdida en corrientes de proceso).
  • Mejor conocimiento del proceso al monitorizar y caracterizar gases de secado.
  • Y, potencialmente, una vía para valorizar subproductos, transformando un coste/merma en una oportunidad.

En conjunto, es una forma de circularidad que no se queda en el final de vida del producto: actúa en el corazón de la fabricación.

Esta línea encaja con el espíritu de Finvalia: aplicar innovación (y cuando corresponde, inteligencia y datos) para que la sostenibilidad se apuntale a partir de decisiones de proceso y mejoras medibles

Si quieres más información, consulta el post donde hablamos de cómo se concibe la sostenibilidad en las fábricas del futuro

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